• - ¡Comadre, por qué esta usted tan angustiada?....
  • - Ay comadrita es que mi hijo se está divorciando de su esposa.
  • - No me diga eso comadre, pero si le había salido buena la mujer ¿No?
  • - ¡Imagínese usted! Claro que era buena mujer, por eso estoy rete angustiada. Fíjese: Ella siempre tan arreglada, la acababan de promover a un puesto directivo en su empresa, ya casi está terminando de pagar la casita y el próximo mes le iba a cambiar el carro a mi hijo para que pudiera ir por los niños a la escuela. ¿Qué va a hacer mijito ahora? ¿Quién va a pagar el teléfono, la luz y el sky? El pobre tiene ya un año que no encuentra trabajo. Ya hasta disfrutaba hacer los quehaceres de la casa... ¿Dígame comadre, donde se va a encontrar mijo una mujer como esa?

Lo bueno para la comadre es que cada vez hay más mujeres como esa. Lo malo para las mujeres es que la balanza se está inclinando mucho hacia ese lado.

Tristemente, esa es la realidad que se está imponiendo en nuestra acelerada vida de mujeres exitosas. Sé de muchas mujeres que se convierten en salvadoras, pero ¿Quién las salva a ellas? Tengo una amiga que dice que ahora en día sale bien caro tener novio. En la época de las abuelas admirábamos al hombre que era capaz de salir adelante con toda la responsabilidad de la casa. ¿Qué fue de aquellos hombres que daban su palabra y la cumplían? ¿Qué fue de aquellos que mantenían el hogar?

Tengo miedo de pensar que nosotras hemos colaborado en su extinción. ¿A quién le dan pan, que llore? Pero, aunque muchas mujeres están viviendo esta situación en la cual ellas resuelven la mayor parte del gasto familiar, la cosa sigue siendo dispareja.

Imagina estos dos casos:  Cuando un hombre ejecutivo, cargado de responsabilidades en su empresa sale de su casa por las mañanas, ya tiene en su mente las broncas laborales; y cerrando la puerta de su casa se desentiende totalmente de ella, porque esa chamba queda en manos de su mujer quien se encargara de comida, limpieza, hijos, etc.. etc.

Ahora imagina el caso de la mujer ejecutiva que al despertarse trae en la cabeza mil actividades como: arreglarse, checar que se va a poner,  despertar hijos, hacer desayuno, dejar la casa más o menos en orden; si cuenta con la suerte de tener ayuda, deja instrucciones claras para el manejo de la casa; y al salir por la puerta, no se desconecta para nada de ella. Suma esos pendientes a los que tiene en su trabajo. Y mientras despacha los pendientes, lidia con el jefe, toma decisiones y trabaja como loca; llama constantemente a la casa a ver si se ofrece algo, checa que este lista la comida, verifica si llegaron bien los hijos, checa si  hicieron la tarea y regresa agobiada en el tráfico.

Ahora regresemos al hombre ejecutivo y su regreso al hogar. El ritual es el siguiente: Llega, se quita la corbata, se quita el traje, se pone su bata y sus pantuflas, abre el refri, toma el control de la tele y en ese momento se relaja......Mmmmm! ¡Qué envidia!

¿Qué pasa con la mujer?: Llega a su hogar, medio se cambia de zapatos, lava trastes, prepara la cena, corrige las tareas, lava el  uniforme de gala de los niños para el otro día (porque al angelito se le olvido decírselo con tiempo), y se entera que el otro chamaco tiene que hacer un maqueta para...... adivina....¡SII! Para el otro día también.

El asunto este de los roles tiene que considerarse nuevamente. Mi marido que es un bombón en eso de la igualdad, tuvo a bien sacar al macho interior que todos los hombres cargan y un buen día que llegamos los dos de trabajar me dijo "¿Que me vas a preparar de cenar? A lo cual yo respondí con ternurita: "Mi amor estoy muy cansada por favor hazte tú de cenar". Inmediatamente su  machito interior respondió: "Mi amor en esta casa hay Roles", pero mi machita interior salió al quite y le dijo: "Si mi amor, en esta casa hay roles de canela, tómalos de la despensa que yo me voy a dormir".  ¡La cosa tiene que ser más pareja!.

El hecho de que el hombre apoye en las labores del hogar no solo se les agradece, sino que se les admira. Bendito sea Dios, hoy en día hay muchos hombres que ya están entendiendo esta dinámica y muy probablemente vienen de hogares de mamás trabajadoras a las cuales respetan y valoran mucho el cansancio y la labor de la mujer que batalla con tantas responsabilidades. Tengo una enorme fe en las generaciones que vienen y también en las mujeres que sabemos comunicarnos y logramos que nuestras parejas entiendan que no se trata de Igualdad sino de Equidad.

¡Bien por ellos y bien por las mujeres que valoran a sus parejas y han logrado encontrar un equilibrio!